– Área de Neurociencias y Comportamiento
Un tercio de nuestra vida es dormir. Es un proceso fundamental en el cual ocurren incontables sucesos internos, desde la reconciliación de la memoria al fortalecimiento del sistema inmune, y no hacerlo correctamente puede llevar a múltiples consecuencias como el aumento de trastornos vasculares, psicológicos y aumento de peso.
Por ese motivo, es fundamental tener buenos hábitos de sueño y darle prioridad a esa etapa del día que muchas veces ponemos en segundo plano. Para esto, la Sociedad Mundial del Sueño cuenta con distintas actividades, que incluyen una jornada anual de concientización, que este año ocurre el 13 de marzo en todo el mundo, bajo la consigna “Duerme bien, vive mejor”.
En el IBYME, el laboratorio de Biología del Comportamiento cuenta con un área que trabaja en la temática, no sólo como un proceso aislado, sino en relación a otros procesos de nuestro cuerpo, y a aspectos de la regulación de la conducta y las emociones. Esta perspectiva integral busca no sólo mejorar cómo dormimos, sino también analizar cómo los problemas de sueño pueden ser alertas tempranas de otras patologías.
“Estamos estudiando los ritmos de sueño y vigilia asociados a trastornos emocionales y psiquiátricos, intentando reconocer cuáles son los componentes cerebrales o circuitos vinculados”, explica la investigadora Inés Sotelo, y agrega: “Por ejemplo, una pregunta de interés para nosotros es porque cuando estamos frustrados o enojados tendemos a permanecer despiertos o a tener un sueño menos profundo, así como también qué tipo de patrones de ondas cerebrales y regímenes de sueño se manifiestan tempranamente asociados a patologías psiquiátricas como la esquizofrenia“.
Pero más allá de que la ciencia sigue avanzando en lo que todavía no sabemos sobre el proceso del sueño, también hay mucho que sí se sabe y todos debemos tener en cuenta para vivir mejor, y de eso se trata esta jornada.
“Para dormir bien siempre se recomienda acostarse y despertarse en el mismo horario todos los días, y generar una rutina antes de acostarse, la cual le avisa al cerebro que se acerca la hora de dormir y activa las estructuras neuronales correspondientes”, destaca Martina Holz, tesista del laboratorio, pero reconoce que en el mundo actual, donde predomina el uso de pantallas y la hiperconectividad, se está haciendo más difícil sostener una rutina saludable: “En especial los niños y adolescentes se quedan despiertos hasta la madrugada, lo que afecta directamente su rendimiento cognitivo y su capacidad de aprendizaje, en esta etapa temprana de la vida donde se sientan las bases para el desarrollo del cerebro adulto. Esto puede llevar a futuros trastornos de sueño o psiquiátricos”.
Es por eso que es necesario trabajar en hábitos saludables de higiene del sueño de manera crónica en casa, integrando tanto a los adultos como a los más chicos. Esto incluye establecer rutinas antes de acostarse, dedicarle al sueño el tiempo necesario y minimizar cuanto sea posible las molestias que puedan despertarnos o alterar la calidad de nuestro sueño.
